El arte de saber cuándo parar de editar
Con las herramientas de edición actuales es muy fácil cruzar la línea entre mejorar una foto y destruirla. Este 2026, la tendencia estética se aleja de los cielos imposibles y las pieles de porcelana para volver a lo que los fotógrafos clásicos llamaban "el revelado invisible".
Si quieres que tus imágenes respiren y no parezcan generadas por un ordenador, aquí tienes algunos puntos clave para revisar tu flujo de trabajo:
- Cuidado con el contraste y la saturación: Un error común es pensar que más color significa más impacto. Prueba a bajar la saturación global y trabajar solo con la intensidad en colores específicos para mantener la armonía.
- La trampa de las sombras: Recuperar detalle en las sombras es útil, pero no todas las sombras deben desaparecer. Sin sombras no hay volumen ni profundidad; deja que algunas zonas se mantengan oscuras para dar contraste real.
- Textura vs. Claridad: El exceso de claridad crea halos extraños alrededor de los objetos. Si buscas nitidez, usa herramientas de textura o enfoque selectivo, pero siempre con moderación.
- El "filtro" del día siguiente: Nunca publiques una foto justo después de editarla. Déjala reposar unas horas o un día entero. Cuando vuelvas a verla con ojos frescos, notarás de inmediato si te has pasado con los controles.
Si usas herramientas como Lightroom, este resumen te ayudará a evitar los errores más típicos:
Editar debe ser un proceso para potenciar lo que ya capturaste, no para intentar salvar una mala toma. Una buena edición es aquella que el espectador no percibe a primera vista, dejando que sea la historia y la composición las que hablen por sí solas.
¿Prefieres el realismo puro o te gusta experimentar con la edición más agresiva? Nos vemos en los comentarios.
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